Leyenda de Zeus y Leda (Leyenda griega)

 

Leyenda de Zeus y Leda

 

Tíndaro, rey de Esparta, estaba casado con Leda, princesa de Etolia y mujer de gran belleza. El rey sabía que su esposa contaba con gran número de admiradores y que era el centro de todas las miradas. Sin embargo, desconocía el amor sincero que Zeus sentía por Leda. Ella era completamente fiel al amor de Tíndaro y no se sentía atraída por ninguna demostración de admiración que no viniese del rey. 

Zeus estaba convencido del rechazo de Leda, por eso se transformó en el animal que más podía atraer el cuidado y mimo de su amada.

Estaba Leda junto al gran estanque de su jardín cuando vio un precioso cisne, blanco, limpio como ninguno, y manso hasta el extremo de acercarse a ella en cuanto la veía. Leda gozaba con su mascota y en cuanto podía bajaba a su jardín para acariciarla.Fueron tomando más confianza cada vez, y el cisne mostraba un singular placer en los brazos de Leda o cuando ella le acariciaba…

Pasó el tiempo, y a los nueve meses de la aparición del cisne Leda tuvo cuatro hijos. Dos de ellos, Helena y Polux  nacieron de un huevo blanco, como hijos de aquel cisne que tanto quería a Leda. De un segundo huevo nacieron Cástor y Clitemnestra, a los cuales se les consideró hijos de Tíndaro.

Por cierto, Helena, la hija del cisne-Zeus, fue considerada la mujer más hermosa de cuantas vivían en la Tierra, y por ella se promovieron guerras… pero esto forma parte de otra historia.

 

 

 

El origen del violín ( Leyenda gitana)

El origen del violín ( Leyenda gitana)

Había una vez un matrimonio que tenía cinco hijos. La mayor era una chica tan bella que era célebre en los pueblos de alrededor.

Tenía más de 20 años y nunca había tenido ningún pretendiente. Unos decían que era muy orgullosa; otros, que era demasiado presumida.  Lo cierto es que no se sabía por qué, siendo tan hermosa, ningún hombre se dirigía a ella.

Un día que iba al bosque a por leña se le apareció el diablo. La muchacha no se asustó. Por el contrario, se mostró con él muy amable y le preguntó por qué ningún muchacho quería hacerla su esposa.

El diablo se echó a reír y contestó: ” Yo sé de un hombre que anda enamorado de ti. Si sigues mis consejos, tendrás pronto un buen novio.” La doncella contestó que estaba dispuesta a hacer todo lo que se le mandase.

Lo primero que le impuso el diablo fue que matara a su padre. Al principio la joven dudó porque le parecía una condición demasiado cruel; pero al final, cegada por sus deseos, aceptó matarlo. Un día que volvía a casa con su padre por la orilla del río, fingió tropezar con unos troncos y lo empujó, tirándolo al río. El padre murió ahogado.

Enseguida apareció el demonio.”Está bien. Ahora haré con tu padre un precioso instrumento musical que te ayudará a conseguir un novio.”  Lo convirtió en la caja de un violín.

“Tendrás que matar a tu madre para hacer de ella el arco” dijo el demonio.

Aquella condición le pareció imposible de cumplir. Pero un día que su madre estaba junto al fuego haciendo la comida, el diablo tentó de nuevo a la muchacha, exigiéndole el sacrificio de la madre para conseguir su deseo. La chica no pudo resistir la tentación y empujó a su madre hacia el fuego. Se hizo unas quemaduras tan graves que pronto murió.

“Con tu madre haré el arco para el violín; pero de nada te servirá tener esto si el violín no tiene sus cuatro cuerdas” dijo el diablo. “Para conseguirlas tendrás que sacrificar a tus cuatro hermanos”

Una  noche mientras dormían decidió matarlos. Al momento se le apareció el diablo, que transformó a los cuatro niños en cuatro cuerdas de violín, completando así el maravilloso instrumento.

“Ahora tócalo, y verás cómo enseguida un hermoso joven te quiere hacer su esposa”

Tan pronto tuvo el violín en sus manos, empezó a tocarlo. Era tan maravillosa y tan dulce su música que un hombre que pasaba se detuvo a escuchar. Se enamoró de la joven que tocaba aquel extraño instrumento y ella le correspondió.

La muchacha se sentía feliz. No se acordaba para nada de sus padres y hermanos y decidió casarse enseguida.

La víspera de su boda iba con su novio por el bosque tocando el violín. De repente apareció el diablo. La joven asustada le preguntó qué deseaba.

” Vengo por ti y por tu novio” contestó.” Te di lo que querías. Ahora llegó el momento de pagar tus crímenes”

Y cogiéndolos por el brazo se precipitó con ellos al infierno.

Al poco rato pasó por allí un gitano y vio en el suelo un extraño instrumento. Era el violín que hiciera el diablo. Empezó a tocarlo, y fue tan maravillosa su música, que en poco tiempo se hizo célebre en todo el mundo.

Los gitanos lo tocan con verdadera pasión y creen a pies juntillas que sólo el diablo pudo ser el inventor de su querido instrumento.

Antología de leyendas (1955) – V. García de Diego – Ed LABOR

 

En Londres, en 1971, el Primer Congreso Internacional Gitano proclama “Gelem, Gelem” como el himno oficial el pueblo gitano.

“Gelem, Gelem” (anduve, anduve).- Versión con violín de Amaro Drom.

 

 

La gallina que quiso ser Papisa, y el gallo, Papa (Leyenda polaca)

De entre las muchas cosas inverosímiles que hay en el mundo, una es la leyenda de como un gallo y una gallina decidieron ir a Roma.

Era un hermoso día de mayo, cuando la gallina, que era la más osada, le dijo al gallo:

-Oye, ¿por qué no nos vamos a Roma?

¡Figuraros la cara que puso el gallo! No obstante, dada su esmerada educación, pues era un gallo de raza muy fina, le preguntó:

-¿Y qué vamos a hacer allí?

La gallina le miró de reojo y contestó:

-Pues mira, tú serás Papa,y yo, Papisa.

El gallo, indignado, le echó en cara su  falta de cordura y su exceso de orgullo. Sin embargo, sus quejas no sirvieron de nada. Esa noche apenas pudo dormir. A pesar de su sabiduría, eso del viaje a Roma estimulaba su imaginación:

-¿Por qué no hemos de ir? Al fin y al cabo yo soy tan importante que hasta el Sol responde a mi llamada. Quizás pueda ser Papa…

Al día siguiente se fue a buscar a la gallina, a indagar que tal había pasado la noche y si la puesta del huevo matinal había sido buena. Pero la gallina se había levantado de muy mal humor y se estaba quejando por todo: que la comida era mala, que los sitios destinados  a poner los huevos estaban sucios…, en fin , de mil y mil cosas más. El gallo vio que la gallina estaba de mal humor por lo del viaje y empezó su labor.

-Oye querida ¿sabes que lo del viaje a Roma está empezando a gustarme? Al fin y al cabo, ¿por qué no hemos de ir?

La gallina aprovechó la ocasión y le dijo:

-Mira, eso es culpa tuya, porque si tú quisieras partiríamos enseguida. Tú serías Papa, y yo, Papisa.

El gallo se hizo de rogar un poco, y por fin cedió.

El viaje era largo y para desplazarse construyeron una especie de vagón con cortezas de árbol, briznas de hierba y barro. El carro iba tirado por cuatro ratones.

Habían caminado un buen rato, cuando oyeron que una voz les daba los buenos días. Miraron hacia arriba y vieron una paloma, que les preguntó:

-¿Adónde os dirigís?

La gallina contestó que iban a Roma y que el gallo iba a ser Papa y ella Papisa. La paloma les pidió que la llevasen consigo, diciendo que ella les serviría de doncella. A la gallina eso de tener doncella le encantó, y a pesar de las quejas del gallo, dijo que sí. La paloma se comprometió a volar cuando viniesen cuestas arriba. De esta forma la comitiva prosiguió su camino con un pasajero más.

Había pasado una jornada, cuando otra vez fueron saludados. Esta vez por una corneja que les preguntó adónde se dirigían. El gallo contestó que a Roma, que él iba a ser Papa y la gallina Papisa, añadiendo que la paloma iba de doncella. La corneja rogó que la llevasen; pero la gallina protestó, diciendo que la carga ya era demasiado pesada y que “los caballos” que llevaban se cansarían antes de llegar. La corneja insistió diciendo que iría de cocinera y que en las cuestas arriba volaría, para ayudar a los animalitos que llevaban la carga. En cuanto el gallo oyó lo de la cocina, convenció a la gallina, e incluyeron a la corneja.

Un poco más allá encontraron a un gorrión que también quería saber adónde iban. El gallo contestó lo mismo, explicando el cometido de cada uno. El gorrión se ofreció como ama de cría; pero la gallina se ruborizó, diciendo que a ella no le hacía falta. El gallo se sentía muy fuerte y viendo al gorrión tan pequeño, le explicó a la gallina que un poco de peso más daba igual. La gallina aceptó y la caravana continuó su camino.

La caravana penetró así en un denso bosque.  Un zorro estaba sentado a la orilla del camino. Mirándoles con curiosidad, les hizo la misma pregunta que los anteriores. Esta vez el gallo, viendo el peligro que corrían, se levantó de su asiento y con la cresta toda colorada le dijo que a Roma, a ser Papa; que la gallina iba a ser Papisa; la paloma, doncella; la corneja, cocinera; el gorrión, ama de cría, y que los ratones eran los caballos.

El zorro les preguntó si sabían el camino, a lo cual contestaron que no; pero que eso era cuestión de los ratones.

¡ Qué casualidad! El zorro también había decidido ir a Roma a llorar sus muchos pecados. Podían hacer el viaje todos juntos y él les protegería de los peligros del bosque.

Anduvieron un rato, y el zorro les explicó que habían llegado a un sitio donde él conocía un camino secreto que pasaba por debajo de la montaña, que era mucho más seguro. La gallina no quería seguir adelante, pero los demás la tranquilizaron y todos entraron en el pasadizo, conducidos por el zorro. La paloma se quejó de que aquello era demasiado oscuro, pero el zorro le aseguró que dentro de poco verían la luz. En efecto, a la vuelta de un recodo salieron a una especie de caverna, que no era más que la guarida del zorro.

Cuando todos estuvieron dentro, el zorro cerró la única puerta de escape y se sentó sobre la cola, relamiéndose el hocico.

-Ahora, vais a pagar por vuestras culpas.

Dirigiéndose al gallo, le dijo:

-Tú, gallo, me despiertas todas las mañana con tu canto. Y en castigo a eso, te mataré.

Y de una dentellada lo mató.

-Tú, gallina, que siempre pones los huevos sobre las cenizas, por lo que me he quemado muchas veces las patas, en castigo te mataré también.

Y de un mordisco la mató.

-Tú, corneja, por hacer tus nidos tan altos que no pudo alcanzar a tus crías, te mataré también.

Algo parecido le dijo a la paloma, y la mató.

Entonces dirigiéndose al gorrión, que en todo ese tiempo había estado trabajando sin cesar con el pico y las uñas, y le dijo:

-Gorrión, prepárate a morir.

Pero el gorrión le contestó:

¿por qué me vas a matar a mí, que soy tan pequeño, teniendo ahí manjares tan suculentos?

Y en el momento en el que el zorro iba  a saltar sobre él, se escapó por un agujero que había hecho, dándole las gracias por su amabilidad.

Lo ratones aprovecharon el intervalo de la ira del zorro para escapar por el mismo agujero que había escavado el gorrión.

El único que llegó a Roma fue el gorrión; de todos los que salieron, el más humilde.

 

¡Así  ocurre muchas veces en la vida…!

 

conejos

Por qué el conejo tiene largas y grandes las orejas (Leyenda mejicana)

El conejo no ha sido siempre como ahora. No tenía los ojillos saltones, ni grandes y largas las orejas. Era un animalito pequeño e inteligente y no muy resignado con su tamaño.

Un día, en virtud de las reglas mágicas que poseía, subió al cielo y pidió a Dios que aumentase sus proporciones. Dios le prometió satisfacer sus deseos si le llevaba cuatro pieles: una de tigre, otra de mono, otra de lagarto y otra de culebra.

El conejo volvió a la Tierra y se fue derecho en busca del tigre. Le contó cómo había subido al cielo y cómo había visto a Dios. También le dijo que éste le había anunciado que se avecinaba un terrible huracán que arrasaría la Tierra; pero que él, gracias a su pequeño tamaño, nada debía temer, pues le sería fácil cobijarse en algún agujero. El tigre sintió un gran temor al verse en peligro, y entonces el conejo le propuso un medio para protegerse del huracán. Él mismo le ataría al árbol más robusto y el viento no podría arrastrarle. El tigre se dejó convencer y atar al árbol, y cuando estuvo bien sujeto, el conejo, con un garrote, le golpeó la cabeza hasta que lo mató. Después, con un cuchillo le quitó la piel y se la llevó a casa.

 

Una vez conseguida la primera piel, el conejo se dispuso a buscar la segunda. Marchó a una tienda y compró jabón, un espejo y una navaja de afeitar, y provisto con todo ello volvió al bosque. Pronto encontró a unos monos encaramados en un árbol. El conejo colgó el espejo del tronco, se enjabonó la cara y,a la vista de los monos, se afeitó, pasándose luego por el cuello el borde no afilado de la navaja. Dejó después todos los útiles en el suelo y simuló alejarse. Pronto uno de los monos bajó del árbol e imitó todos los movimientos que el conejo había realizado. Pero al llegar el momento de pasarse la navaja por el cuello, lo hizo con el borde afilado, de modo que se degolló. El conejo regresó, le quitó la piel y, muy satisfecho, se la llevó.

 

En un aguacho que estaba por allí cerca vivía un fiero lagarto, que no dejaba a ningún animal acercarse a beber en sus dominios. Allí se fue el conejo, con una piedra redonda en las manos y propuso al lagarto que jugase con él. El lagarto aceptó, y mientras la pelota iba de uno a otro, el conejo cavilaba sobre cuál sería el mejor sitio para descargar el golpe. Por fin se decidió y dio al lagarto un tremendo porrazo en la frente. Pero el lagarto no murió, sino que se volvió al agua enfurecido. – Si me hubieras dado en el arranque de la cola me habrías matado – gritó amenazador. El conejo no se intimidó por eso. Al día siguiente volvió y propuso al lagarto jugar de nuevo. El lagarto aceptó, no sin una cierta desconfianza. Esta vez el conejo no equivocó su golpe y consiguió darle un fuerte pelotazo en el nacimiento de la cola. El lagarto murió al momento y su piel fue a reunirse con las del tigre y el mono.

El conejo estaba contentísimo con su éxito. A la mañana siguiente salió de nuevo y quiso la suerte que se tropezase con una culebra. Ésta intentó morderle, pero el rápido y vivo animal logró clavarle las uñas en los ojos y matarla. Le quitó la piel y volvió a su casa; la unió a las restantes y subió al cielo impacientemente.

Cuando Dios oyó el relato de cómo las había conseguido, montó en cólera. Cogió al conejo por las orejas y lo azotó hasta que sus ojos saltaron. Y no quiso aumentar su tamaño, porque, si siendo pequeño hacía tales cosas, era de temer que fuesen peor las que realizase cuando fuese grande.

Y así volvió el conejo a la Tierra, con sus orejas estiradas y los ojillos saltones.

 

                     Antología de leyendas (1955) – V. García de Diego – Ed LABOR

Cerezo

El milagro del cerezo (Leyenda de Japón)

Existe en Wakegorik, distrito de Iyo, un cerezo antiquísimo, el Jiuroku-zakura, o, mejor dicho, el cerezo del decimosexto día, llamado así porque en ese día del primer mes de cada año florecía – esto está calculado por el antiguo calendario lunar-, y solamente ese día.

Es costumbre del cerezo florecer, como todos sabemos, en primavera; mas este árbol famoso no seguía este hábito por la sencilla razón de que en su interior albergaba un espíritu humano.

Aconteció esto de la siguiente manera:

Samurai

Hace cientos de años vivía un samurai en Iyo y este árbol crecía en su jardín. El samurai era ya muy viejo; tanto, que había visto morir a todos los de su familia, hasta sus bisnietos, y ya no le quedaba nada en el mundo en que pudiera depositar su cariño más que el cerezo. La verdad es que él había visto crecer al árbol, se había columpiado en sus ramas de niño, y así lo habían hecho sus padres y sus abuelos, y hasta generaciones olvidadas.

Pero un triste año el árbol se secó y murió.El viejo creyó con ello que se le iba la vida y mandó no arrancar el árbol, juzgando que de esta manera reverdecería. Mas en vano; cada vez seguía más seco. Los vecinos, viendo las penas que pasaba el anciano samurai, reunieron entre todos dinero y le compraron un árbol (también un cerezo), el más bonito que había en la región. El samurai les hacía creer que con eso ya había quedado satisfecho; pero interiormente lloraba con amargura la pérdida del árbol querido.

Un día se le ocurrió una idea feliz. Era el día dieciséis del primer mes del año. Se fue a su jardín, solo, y arrodillándose delante del árbol, le habló de la siguiente manera:

— Dígnate, te lo suplico, florecer una vez más, porque yo voy a morir en tu lugar.

Todo el mundo cree en aquellas tierras que, siempre que se quiera, y que los dioses lo concedan, se puede cambiar la muerte de una persona por un animal o un árbol. Ésto se llama la permuta.

Entonces, debajo de aquel árbol ya seco,el samurai extendió unos lienzos blancos y, por encima, los mejores tapices de su casa, y se sentó encima, haciéndose el hara-kiri, según la costumbre de los samurais. Y el espíritu del samurai entró en el árbol, haciéndolo florecer poco después.

Y todos los años sigue floreciendo en el mismo día del mismo mes, a pesar de ser el más frío del año y cuando las nieves están aún en el suelo. Desde lejos vienen de los pueblos a verlo cubrirse de flores y a pedir al espíritu del samurai toda clase de favores.

Antología de leyendas (1955) – V. García de Diego – Ed LABOR